domingo, 11 de junio de 2017

Resignificación de la Lectura


Es inevitable la inmersión de una tecnología cada vez más evolucionada en los métodos de consulta y acceso a la información. Hoy en día fácilmente puede conseguirse todos los archivos de la Biblioteca de Nueva York en el café internet de la esquina (y hasta más datos). La forma en que los colombianos accedían a ésta desde las más apartadas veredas del país, a a través de las bibliotecas públicas e incluso en las zonas urbanas, ha cambiado para siempre.   El lento pero efectivo proceso de dotación de bibliotecas públicas del país que fue una profunda preocupación estatal y que intentó modernizar ese acceso saldando una deuda histórica con las municipalidades, avanzó con éxito, pero se vio cojo. Muy seguramente el que las políticas públicas de acceso a la información estén manejadas por un ministerio diferente al que maneja las bibliotecas públicas es una de las razones.  No era posible que aun en los últimos 20 años del siglo XX, existiesen tantos sitios del país sin bibliotecas y muchos menos sin actualización en sus dotaciones. Era aun más improbable que se hablara de un paìn interconectado cuando en municipios como Herrán era más fácil obtener una buena señal de un movil venezolano.   Ese gran esfuerzo, que movilizó como nunca antes capacitaciones a bibliotecarios y promotores, compra de libros, planes de lectura, conformación de redes, vio pasar velozmente la entrada de la internet a muchos más lugares de penetración de manera aplastante. Ya quien quisiera ir a consultar algo en la Biblioteca del pueblo podía escoger entre acceder desde su móvil o caminar unas cuadras. El esfuerzo entonces sumó mas y más puntos de acceso a las comunicaciones e informaciones digitales, en muchos casos lejos de las mismas bibliotecas.  Terminaron estos puntos convertido en los primeros en ser referidos para consultas escolares o universitarias y ante una también carencia de acceso al Internet representado en pocos equipos o en lentos accesos, encontramos finalmente un complicado panorama que a pesar de las estadísticas y los números sigue ahora aun mas lejos de una real política de acceso a la información, la cultura y la lectura como un derecho de los ciudadanos.  Estos fenómenos entroncados nos colocan frente a varios escenarios:

Tenemos unas bibliotecas que necesitan de más y mejores dotaciones, tecnológicas, de mobiliario, bibliográficas, hemerográficas, etc., pero igualmente necesitan de unos bibliotecarios que se ajusten a un rol mas exigente en la dinámica, la realidad de la comunidad, la realidad del mundo, las colecciones y los otros roles que ya han poseído por siglos. Ajustarse a esos nuevos esquemas, a esos nuevos lectores, a sostener el poder los libros y a abrirse al mundo digital. 

Por otro lado tenemos existe ahora una necesidad de acceso y consumo de información que nos ponen frente a la inmediatez versus la calidad, frente a la rapidez y la seguridad, complementado con un público más interesado en cumplir un requisito académico, por ejemplo, que en el verdadero conocimiento. Encontramos también los escasos niveles de formación en estas líneas, en los usuarios por acceder a algo más allá que Google y Facebook, en los bibliotecarios por ofertar el acceso virtual como un mecanismo de información maravilloso o una apropiación del libro como complemento o disfrute, una oferta de servicios deficiente en unos casos, sin orientación en muchos otros y sobre todo con dificultades económicas para las administraciones municipales que son finalmente quienes sostienen estos espacios y por supuesto para el estado en el fin de masificarla como debe ser. 

Es finalmente el usuario quien más pierde. En el siglo pasado durante la década de los 50 en Colombia más del 50% de la población era analfabeta y llegó la televisión. A mediados de los 90 el 80% de los colombianos carecían de accesos reales a la interconectividad cuando ingresa una política pública de acceso masivo y modernización del Estado. Estos pasos aunque parecieran una andanada de palazos ciegos evidencian la poca preparación para las nuevas tecnologías, que tal y como lo sugiere Slavoj Zizec genera una resistencia mayor al cambio y la adaptación. Hoy, con el 90% de los municipios del país con Bibliotecas públicas funcionando y dotadas por fin, seguimos lentos en el acceso a la información desde los medios virtuales y es probable que demoremos un par de años más.

La Internet ha generado unos nuevos escenarios para los que no estábamos preparados. El desarrollo tecnológico da las opciones de apertura a un mayor acceso al conocimiento y complementa las funcionalidades de la Biblioteca Pública. Es muy probable que la lectura en nuestro tiempo no configure el mismo sentido. Ha entrado la internet, a ser ese “gran hermano” que ha acompañado los intereses de la humanidad por siglos: el gran libro. Italo Calvino se refirió a éste como un libro absoluto, recuerda los poderes populares que le han sido asignados a lo largo de múltiples generaciones y cómo es presente el interés obsesivo para que las generaciones encuentren en un lugar todo. Las enciclopedias, los diccionarios, la Biblia, el Corán, el I-Ching dan fe de esto. Es increíble que ante este escenario aun sostengamos una resistencia incluso a reconocerlo; seguimos señalandoel entorno digital como el responsable de las desgracias y excesos de las generaciones que más lo consumen, pero evitamos el asumir nuestro papel, es como quejarnos de el exceso de sal en la carne salada. Odiamos los contenidos pero tampoco los generamos. Estamos ante un nuevo libro absoluto donde podemos encontrar todo y es obviamente su existencia un elemento que no podemos ignorar ni pasar por alto, ni siendo bibliotecarios, ni promotores, ni lectores asiduos.  Calvino creía que era la computadora pero le restaba asignación por que esta no funciona sin un software, frente al único limitante del analfabetismo para acceder al libro total. Pero es probable que no haya considerado todo el conjunto evolutivo (y a veces involutivo) de la Internet como ese nuevo gran libro mágico.  Igualmente este gran nuevo libro, por llamarlo de alguna manera, tiene miles de escritores y miles de lectores. Sugiere Calvino:

“Quizás en el futuro habrá otras manera de leer que nosotros no imaginamos, me parece un error desdeñar de toda novedad tecnológica en nombre de los valores humanísticos en peligro. Pienso que cualquier nuevo medio de comunicación y difusión de las palabras, de imágenes y de los sonidos puede reservar nuevos desarrollos creativos, nuevas formas de expresión; y pienso que la sociedad más desarrollada tecnológicamente podría ser más rica en estímulos, elecciones y posibilidades, instrumentos diversos y tendrá siempre necesidad de leer, de cosas que leer y de personas que lean”16[1].

Creímos por siglos que la revolución pictórica de los expresionistas sería el primer objeto de la interactividad. Luego las experimentaciones con las imágenes, la fotografía como captación, y captura por fin de ese instante que veíamos pasar de la realidad. Hasta hace algunas décadas el cine era aquel mecanismo que nos permitía ir más allá de la fascinación de la lectura, que nos permitió encontrar la interacción que nos faltó para navegar en el rió con Huckleberry Finn o divisar los molinos de viento meciéndose de El Quijote. Pero no fue suficiente. La Internet ha facilitado la interacción, herramienta de alto consumo entre nuestros joven, tan adictiva como la cocaína y tan dañina a la hora de profundidad. Obviamente un elemento así y con una población con absoluto desconocimiento y que ha carecido por siglos de opciones de acceso a la información, lo verá como una amenaza y no como una valiosa oportunidad. 


Ha generado la internet, también, un profundo cambio en las relaciones humanas, en las múltiples formas de la educación y en la forma como se practica la lectura y la escritura. Ya no caben los espacios para las dudas.  Puede que su mayor debilidad sea la introspección, el usuario cree estar relacionándose con el mundo a través de un ordenador. Cree en ese libro universal, en ese saber universal que carece de los sentidos y similitudes, espacios y composición geográfica y semejanza que produce la convivencia y la vecindad. La Internet ha eliminado la mediación, salvo en algunos casos educativos específicos, pero ha garantizado un mayor acceso y una mayor velocidad así carezca de profundidad o veracidad en muchos casos. El papel del bibliotecario parecería obsoleto a la vuelta de algunos años ante este otro escenario. La acelerada digitalización de la música, la literatura, la pintura, hace que este papel sea menos evidente y se convertirá en otro paso más del que nos estamos alejando. Pero la inutilidad de esto se abastece de un consumo emocional. También adictivo hay que decirlo. El intercambio, la voz, la referencia, la expresión, elementos que cada vez más también se están sistematizando pero que no dejan de erizar en el contacto real. Conocí hace poco la experiencia de Wattpad que palabras más palabras menos es una librería, más bien una biblioteca abierta, donde los usuarios, muchos jóvenes en realidad, escriben libremente y comparten con todo el mundo sus textos a través de una aplicación. Es sin lugar a dudas el futuro de los libros digitales, es decir, si ya leer en lo digital nos parecía, a los que somos más románticos, una verdadera novedad, esto va a cambiar el mercado. 

Hay igualmente en todo esto un problema y es la necesidad de estos entornos digitales por depender de la energía eléctrica para funcionar, lo que nos arroja de inmediato en el apocalípsis de los nativos digitales si por alguna razón ocurriese el gran apagón del mundo. 

Se instaura una victoria anticipada a la dispar guerra libro vs. pantalla. Si algo ha arrojado a los jóvenes sobre todo al interés por la interactividad es de alguna manera recurrente en la debilidad de un modelo educativo encantador y satisfactorio hacia la lectura. El daño de los malos procesos de acercamiento a los libro ya es más que evidente y ahora toca empezar de cero. Control, alt, suprimir.   Las habilidades de lectura y escritura han generado desde todas las escuelas del mundo una enorme frustración y un alejamiento definitivo de los intereses por retomarlo ante la facilidad de acceso, libertad y disfrute de la interconexión.  Años y años de mandar miles y miles de niños a la biblioteca como castigo ha sido el pago a una profecía más que manifiesta. 

Como nunca, necesitamos, muy al contrario de lo que se piensa, de mejores y mas comprometidos docentes y bibliotecarios. Necesitamos replantear las formas de acercarse a los libros y promover hechos cada vez más olvidados como la fantasía y la imaginación, los esfuerzos en los planes nacionales y mundiales de animación a la lectura han tenido resultados visibles, pero no pueden compararse con la forma en que las personas están obteniendo hoy la información. Incluso en la prensa, ahora resulta que confirmar una fuente y verificar que lo ahí dicho sea cierto ha dejado de ser una responsabilidad de los medios para ser parte de las funciones y deberes de los lectores. Sin embargo es bueno pensar que cualquiera puede montar un medio de comunicación, será necesaria más exigencia y rigor para el lector finalmente. 

Hay que continuar promoviendo la lectura en otros espacios, no puede olvidarse la promoción de la lectura tradicional, como muchas otras expresiones del arte, pero hay también que incentivar las buenas prácticas de lectura en elementos virtuales o de interconexión. Esto no significa que la lectura no sea importante, que haya perdido su valía o que este perdido todo esfuerzo en este sentido, significa una resignificación, una reevaluación de propósitos y un acomodamiento sano a las nuevas necesidades en consumo de la información. Escuché alguna vez que la guerra del futuro sería la información, su acceso y sus formas, bienvenidos. 




[1] Cámara Colombiana del Libro, Estadísticas del Libro en Colombia, 2009.
16 Palabras de Italo Calvino en la Feria del Libro de Buenos Aires en 1984.

No hay comentarios: