martes, 8 de octubre de 2013

Cine y Comida

Por: Isaias Romero P.
@yopoetrix


Hay mucho de dónde escoger. Podríamos afirmar, incluso, que no hay una sola película (o si la hay voy a ignorarla), donde no se haga alusión a la comida. Yo recomendaría unas excelentes entradas y ser bastante intemperante procurando que en esas entradas uno quede lleno. Sin embargo hay que advertir la necesidad de dejar espacio para los platos fuertes, los postres, los aderezos, las ensaladas y todo aquello que el universo del séptimo arte ofrece alrededor de la comida.

Entradas

En Mujeres al borde de un ataque de nervios, una película de 1988 de Pedro Almodovar Rosy de Palma se manda un gazpacho fenomenal.  El gazpacho es  nada menos que una sopa fría de tomate, su ingrediente principal, y que contiene aceite de oliva, pepinos, cebolla, pan, puerros y ajo entre algunas otras variaciones. Es que estos españoles para la comida y el cine son buenos. Pero olvidaba, eso si, un ingrediente en esencial: una buena dosis de somníferos para los hombres y las mujeres de la casa, eso si, en medio de la tensión almodovariana.



Otra buena alternativa puede ser una deliciosa sopa de tortuga como la servida en El Festín de Babette. Esta película danesa de Gabriel Axel retoma una obra literaria de Karen Blixen, de quien vimos una buena representación por parte de Meryl Streep en Memorias de África. 



La cinta está ambientada en 1871, hace, además, todo un despliegue gastronómico que inicia con sopa de tortuga y nos presenta a una humilde aldea de pescadores en Jutlandia, las famosas costas donde se libró una de las más épicas batallas navales de la armada real británica. Esta entrada de Sopa de Tortuga, significa en una muy buena escena, la resistencia de los personajes a darle menos paso a la satisfacción, el deseo o la gula, gracias a una recia formación cristiana, lo que hace que ese pequeño abrebocas prepare al espectador a toda una inmensidad de platillos que tienen de fondo la renuncia de sus protagonistas al amor, la reivindicación de las pasiones humanas a través del gusto gastronómico y sobre todo la percepción de que en la mayor inmensidad de la soledad, algo interpela la vida por si sola.

Martina Gedek interpreta a Martha, quien protagoniza una especie de entrada, aunque no lo es propiamente, pero puede servir. En un juego con ojos vendados, en el romántico ambiente de una casa cualquiera, con una mesa, a oscuras y frente a Martha, Sergio Castellito que interpreta a Mario. Este, luego de vendarle los ojos, le está dando a probar alimentos que ha puesto en una olla, para que Martha los vaya saboreando con la seducción de poner algo en la boca del otro (la expresión de Sergio cada vez que ella abre la boca es de no perder). 



La película del 2001 es otra cinta que hace una buena referencia de la gastronomía, para este caso más elaborada. Deliciosa Marta, cuenta la historia de esta protagonista, que trabaja en un restaurante francés como una excelente cocinera en su ciudad y luego de la muerte de su hermana debe hacerse cargo de la sobrina que en plena crisis del duelo se encierra en su cuarto y paradójicamente no come. Ahí aparece Mario quien logra que la niña se alimente y comienza la relación entre estos dos.

Lo que si no puede faltar jamás es un buen Toque de Canela. De Trassos Boulmetis, esta película del 2003 que mezcla la buena cocina y el humor fino nos permite conocer la historia de un joven griego criado en Estambul, y que a lo largo de la cinta nos ofrece ese dilema del deseo paterno sobre la vida de los hijos. Fanis, el nombre del personaje principal, tiene un abuelo que es casi que filósofo y que se convierte en su mentor enseñándole tanto de la comida como de la vida misma y que en ambos casos se requiere canela y otras especies maravillosas. Es una película que huele, que tiene su propio aroma y con Estambul de fondo nos regresa a un viaje en el tiempo de estos personajes impregnados por la sabiduría de la cocina en la intercesión del hombre y su paso por la tierra.

Platos Fuertes

Otra excelente recomendación para un bufete basado en el cine, sería, a pesar de lo mala de la película, un plato que saca la cara por ella: codornices en pétalos de rosa. Este promete ser un exquisito plato fuerte que se preparó en la versión cinematográfica de la novela de Laura Esquivel Como Agua para Chocolate



La película fue dirigida por Alfonso Arau y en una de las escenas, por recomendación de  la abuela, este exquisito plato pone bien libidinosa a la protagonista y a todos los que prueban, el plato. Bien sabido es que la codorniz es uno de los platos con mayor exigencia culinaria y vemos en la cinta la forma criolla de realizarlo con el esfuerzo de esta mujer por seducir a su comensal quien se deja obviamente arrastrar por la pasión y termina la cosa en una frenética floración de efusiones.  

Sin embargo, cuando de gastronomía se habla, lo mejor es en un solo plato probar de todo un poco. Y porque no una sino 18 comidas a la vez, como en esta maravillosa cinta española tiene en su protagonista a un galán muy buen actor español además, Luis Tosar. 


La cinta es dirigida por Luis Coira, es del año 2010 y tiene una excelente forma de reivindicar al ser humano con la vida, con las cosas, sencillas, con los placeres pequeños que a veces olvidamos entre tantos afanes cotidianos. Un músico callejero que se reencuentra con el amor de su vida; dos borrachos desayunan cubatas con mariscos; un hombre cocina, cocina y cocina para la mujer que nunca llega; dos hombres se quieren, pero se esconden; una cocinera sueña con ser cantante; Una joven quiere, lo que un hombre no da, mientras un camarero se muere por ella; un macedonio está perdido por desamor en Santiago de Compostela; una pareja de ancianos que ya se lo ha dicho todo y por eso desayunan, comen y cena en silencio. Todas estas historias se cruzan a lo largo de un día de ficción en 18 comidas. Es un puzzle de sentimientos y de platos a través de los latidos de personas muy distintas que comparten un mismo objetivo: la felicidad.

  
Como decía hay mucho de dónde escoger para beneficio del lector o el espectador. Al  igual que en un restaurante es uno quien decide con qué quedarse. Desde el zapato en la quimera de oro de Charles Chaplin hasta el vapor evocativo del Ratatouille. Pero hay escenas que dejan la percepción de lo cotidiano mezclado con la naturalidad del protagonista. Las hamburguesas de Pulp Fiction (hambuerguer), por ejemplo, son ya clásicas, hasta existen restaurantes que las han reproducido como tales, teniendo en cuenta que es realmente una invención del guionista y director Quentin Tarantino, lo qe reconfirmaría su estilo tan americanizado. John Travolta y Samuel L. Jackson, protagonistas de la cinta, mantienen una charla trivial sobre la forma de llamar a las hamburguesas de McDonalds en Francia ("Royaaaaal with cheese"). En otra toma, el Jackson habla sobre las Big Kahunas, unas hamburguesas especiales y le dice a unos tipos que les deben dinero a su jefe lo buenas que son arrojando obviamente los ingredientes para esa perfección, según ellos en la comida rápida: la piedra angular de todo desayuno nutritivo!".



Los Tomates Verdes Fritos, por ejemplo o el puro Jamón Jamón. Eso es del cine y es de la comida. Y cómo podría faltar la tradicional comida oriental, como la que tiene unas formas deliciosas de prepararse con sólo verse en Comer Beber Amar de Ang Lee. La cinta es un retrato de un cocinero quien esta viudo y convive con su tres hijas en una Taipei moderna con una vertiginosidad que aplasta las tradiciones. Hay escenas completas en la cinta cargados de aromas y bellezas visuales en muchos platos y formas de preparación de comida tradicional china y Chu, el padre viudo, se enfrenta a esa modernidad, a la desaparición de valores, a la comida rápida, a cambios para los que pareciera jamás estuvieron preparados. A lo largo de la cinta hay actuaciones pasivas, poco expresivas, pero profundamente emotivas, llenas de aciertos, sin maniqueísmos y que cuentan una historia vital, vigente, sin aditivos o aderezos innecesarios, termina de por sí, es muy presente en la comida orientas, siendo una buena receta esta película de Ang Lee de 1994. 


Porque una buena receta puede pasar de un chef a otro sin que tenga la esencia del mismo plato. Variando entre una y otra mano puede ser un plato diferente cada vez. Lo fundamental en esta película son justamente los cambios, Ang Lee conduce a sus personajes sobre de la viudez, la prosperidad aparente o el sexo por, como quien mira una carta.

Algunos postres ligeros

El chocolate imperdible como la cinta homónima del 2000, protagonizada por Juliete Binoche y Jhonny Deep, bajo la dirección de Lase Hallstrom, a quien ya le habíamos visto al frente de otras cintas como Casanova y Siempre a tu lado. En Chocolate además de las miles de formas de variación en uno de los manjares más afrodisiacos y deliciosos del mundo, tenemos la historia de una mujer soltera en un pueblo conservador de los años 50 en Francia y una tendencia a salirse de los patrones católicos que pululan por la localidad. 


Viane que interpreta Binoche, abre una tienda de chocolates y con su aroma inunda la vida de los pueblerinos y el clímax se acerca mientras ella tratar de armar un festival del chocolate en medio de una conmemoración católica. Como era de esperarse, en la previsibilidad aplastante de la película, la figura del amor es encarnada por Jhony Deep que también es un rechazado por el pueblo por huraño y solitario.

Completaríamos con unas buenas galletas de jengibre o si su estómago cinematográfico es fuerte,  degusten un Pie Americano que seguramente les dará agrieras.



La comida como el cine tienen una verdadera afinidad, y esta se sustenta en algo muy  valioso: la emoción. Lo que debe producir la comida son sensaciones, recuerdos, cosas que nos lleva a la vida misma y que en medio de todo olvidamos. El cine igual. Por eso, una percepción de la comida pronunciada por el temido crítico Don Anton Egó habla muy bien de la gastronomía y el cine. Cualquiera puede cocinar, decía el chef Gustó en Ratatouille, pero esto no significa, como en el cine, que se pueda hacer de cualquier manera.



El cine ha sido un vehículo donde además de comida refinada también se ha podido percibir lo grotesco, el asco, el exceso, películas como La Gran Comilona, una cinta franco italiana de Marco Ferreri que tuvo en el hartarse una excusa para hablar de la desesperación humana en un grupo de personas que deciden comer hasta matarse. Por ejemplo los platos de Indiana Jones, (¿los recuerdan?), en El Templo de la Perdición con la sopa de ojo, la boa asada y el imperdible helado de sesos de mono.


Pero también ese cine gastronómico nos ha revuelto los intestinos en las películas de canibalismo, las salvajes y las loft, el mismo Silencio de los Inocentes, donde el Dr. Lecter hace que una de sus víctimas se coma su propio cerebro, o la versión cinematográfica del amor encarnada por Vincet Gallo en una cinta de Claire Denis donde este se enamora de una poderosa caníbal. En donde sea la gastronomía y el cine conservan un lazo íntimo, fortalecido por lo más profundo de la pasión humana y la satisfacción del deseo.


“No cualquier puede convertirse en un gran artista, pero un gran artista puede provenir de cualquier lado”

                                                -          Anton Egó