domingo, 11 de junio de 2017

Resignificación de la Lectura


Es inevitable la inmersión de una tecnología cada vez más evolucionada en los métodos de consulta y acceso a la información. Hoy en día fácilmente puede conseguirse todos los archivos de la Biblioteca de Nueva York en el café internet de la esquina (y hasta más datos). La forma en que los colombianos accedían a ésta desde las más apartadas veredas del país, a a través de las bibliotecas públicas e incluso en las zonas urbanas, ha cambiado para siempre.   El lento pero efectivo proceso de dotación de bibliotecas públicas del país que fue una profunda preocupación estatal y que intentó modernizar ese acceso saldando una deuda histórica con las municipalidades, avanzó con éxito, pero se vio cojo. Muy seguramente el que las políticas públicas de acceso a la información estén manejadas por un ministerio diferente al que maneja las bibliotecas públicas es una de las razones.  No era posible que aun en los últimos 20 años del siglo XX, existiesen tantos sitios del país sin bibliotecas y muchos menos sin actualización en sus dotaciones. Era aun más improbable que se hablara de un paìn interconectado cuando en municipios como Herrán era más fácil obtener una buena señal de un movil venezolano.   Ese gran esfuerzo, que movilizó como nunca antes capacitaciones a bibliotecarios y promotores, compra de libros, planes de lectura, conformación de redes, vio pasar velozmente la entrada de la internet a muchos más lugares de penetración de manera aplastante. Ya quien quisiera ir a consultar algo en la Biblioteca del pueblo podía escoger entre acceder desde su móvil o caminar unas cuadras. El esfuerzo entonces sumó mas y más puntos de acceso a las comunicaciones e informaciones digitales, en muchos casos lejos de las mismas bibliotecas.  Terminaron estos puntos convertido en los primeros en ser referidos para consultas escolares o universitarias y ante una también carencia de acceso al Internet representado en pocos equipos o en lentos accesos, encontramos finalmente un complicado panorama que a pesar de las estadísticas y los números sigue ahora aun mas lejos de una real política de acceso a la información, la cultura y la lectura como un derecho de los ciudadanos.  Estos fenómenos entroncados nos colocan frente a varios escenarios:

Tenemos unas bibliotecas que necesitan de más y mejores dotaciones, tecnológicas, de mobiliario, bibliográficas, hemerográficas, etc., pero igualmente necesitan de unos bibliotecarios que se ajusten a un rol mas exigente en la dinámica, la realidad de la comunidad, la realidad del mundo, las colecciones y los otros roles que ya han poseído por siglos. Ajustarse a esos nuevos esquemas, a esos nuevos lectores, a sostener el poder los libros y a abrirse al mundo digital. 

Por otro lado tenemos existe ahora una necesidad de acceso y consumo de información que nos ponen frente a la inmediatez versus la calidad, frente a la rapidez y la seguridad, complementado con un público más interesado en cumplir un requisito académico, por ejemplo, que en el verdadero conocimiento. Encontramos también los escasos niveles de formación en estas líneas, en los usuarios por acceder a algo más allá que Google y Facebook, en los bibliotecarios por ofertar el acceso virtual como un mecanismo de información maravilloso o una apropiación del libro como complemento o disfrute, una oferta de servicios deficiente en unos casos, sin orientación en muchos otros y sobre todo con dificultades económicas para las administraciones municipales que son finalmente quienes sostienen estos espacios y por supuesto para el estado en el fin de masificarla como debe ser. 

Es finalmente el usuario quien más pierde. En el siglo pasado durante la década de los 50 en Colombia más del 50% de la población era analfabeta y llegó la televisión. A mediados de los 90 el 80% de los colombianos carecían de accesos reales a la interconectividad cuando ingresa una política pública de acceso masivo y modernización del Estado. Estos pasos aunque parecieran una andanada de palazos ciegos evidencian la poca preparación para las nuevas tecnologías, que tal y como lo sugiere Slavoj Zizec genera una resistencia mayor al cambio y la adaptación. Hoy, con el 90% de los municipios del país con Bibliotecas públicas funcionando y dotadas por fin, seguimos lentos en el acceso a la información desde los medios virtuales y es probable que demoremos un par de años más.

La Internet ha generado unos nuevos escenarios para los que no estábamos preparados. El desarrollo tecnológico da las opciones de apertura a un mayor acceso al conocimiento y complementa las funcionalidades de la Biblioteca Pública. Es muy probable que la lectura en nuestro tiempo no configure el mismo sentido. Ha entrado la internet, a ser ese “gran hermano” que ha acompañado los intereses de la humanidad por siglos: el gran libro. Italo Calvino se refirió a éste como un libro absoluto, recuerda los poderes populares que le han sido asignados a lo largo de múltiples generaciones y cómo es presente el interés obsesivo para que las generaciones encuentren en un lugar todo. Las enciclopedias, los diccionarios, la Biblia, el Corán, el I-Ching dan fe de esto. Es increíble que ante este escenario aun sostengamos una resistencia incluso a reconocerlo; seguimos señalandoel entorno digital como el responsable de las desgracias y excesos de las generaciones que más lo consumen, pero evitamos el asumir nuestro papel, es como quejarnos de el exceso de sal en la carne salada. Odiamos los contenidos pero tampoco los generamos. Estamos ante un nuevo libro absoluto donde podemos encontrar todo y es obviamente su existencia un elemento que no podemos ignorar ni pasar por alto, ni siendo bibliotecarios, ni promotores, ni lectores asiduos.  Calvino creía que era la computadora pero le restaba asignación por que esta no funciona sin un software, frente al único limitante del analfabetismo para acceder al libro total. Pero es probable que no haya considerado todo el conjunto evolutivo (y a veces involutivo) de la Internet como ese nuevo gran libro mágico.  Igualmente este gran nuevo libro, por llamarlo de alguna manera, tiene miles de escritores y miles de lectores. Sugiere Calvino:

“Quizás en el futuro habrá otras manera de leer que nosotros no imaginamos, me parece un error desdeñar de toda novedad tecnológica en nombre de los valores humanísticos en peligro. Pienso que cualquier nuevo medio de comunicación y difusión de las palabras, de imágenes y de los sonidos puede reservar nuevos desarrollos creativos, nuevas formas de expresión; y pienso que la sociedad más desarrollada tecnológicamente podría ser más rica en estímulos, elecciones y posibilidades, instrumentos diversos y tendrá siempre necesidad de leer, de cosas que leer y de personas que lean”16[1].

Creímos por siglos que la revolución pictórica de los expresionistas sería el primer objeto de la interactividad. Luego las experimentaciones con las imágenes, la fotografía como captación, y captura por fin de ese instante que veíamos pasar de la realidad. Hasta hace algunas décadas el cine era aquel mecanismo que nos permitía ir más allá de la fascinación de la lectura, que nos permitió encontrar la interacción que nos faltó para navegar en el rió con Huckleberry Finn o divisar los molinos de viento meciéndose de El Quijote. Pero no fue suficiente. La Internet ha facilitado la interacción, herramienta de alto consumo entre nuestros joven, tan adictiva como la cocaína y tan dañina a la hora de profundidad. Obviamente un elemento así y con una población con absoluto desconocimiento y que ha carecido por siglos de opciones de acceso a la información, lo verá como una amenaza y no como una valiosa oportunidad. 


Ha generado la internet, también, un profundo cambio en las relaciones humanas, en las múltiples formas de la educación y en la forma como se practica la lectura y la escritura. Ya no caben los espacios para las dudas.  Puede que su mayor debilidad sea la introspección, el usuario cree estar relacionándose con el mundo a través de un ordenador. Cree en ese libro universal, en ese saber universal que carece de los sentidos y similitudes, espacios y composición geográfica y semejanza que produce la convivencia y la vecindad. La Internet ha eliminado la mediación, salvo en algunos casos educativos específicos, pero ha garantizado un mayor acceso y una mayor velocidad así carezca de profundidad o veracidad en muchos casos. El papel del bibliotecario parecería obsoleto a la vuelta de algunos años ante este otro escenario. La acelerada digitalización de la música, la literatura, la pintura, hace que este papel sea menos evidente y se convertirá en otro paso más del que nos estamos alejando. Pero la inutilidad de esto se abastece de un consumo emocional. También adictivo hay que decirlo. El intercambio, la voz, la referencia, la expresión, elementos que cada vez más también se están sistematizando pero que no dejan de erizar en el contacto real. Conocí hace poco la experiencia de Wattpad que palabras más palabras menos es una librería, más bien una biblioteca abierta, donde los usuarios, muchos jóvenes en realidad, escriben libremente y comparten con todo el mundo sus textos a través de una aplicación. Es sin lugar a dudas el futuro de los libros digitales, es decir, si ya leer en lo digital nos parecía, a los que somos más románticos, una verdadera novedad, esto va a cambiar el mercado. 

Hay igualmente en todo esto un problema y es la necesidad de estos entornos digitales por depender de la energía eléctrica para funcionar, lo que nos arroja de inmediato en el apocalípsis de los nativos digitales si por alguna razón ocurriese el gran apagón del mundo. 

Se instaura una victoria anticipada a la dispar guerra libro vs. pantalla. Si algo ha arrojado a los jóvenes sobre todo al interés por la interactividad es de alguna manera recurrente en la debilidad de un modelo educativo encantador y satisfactorio hacia la lectura. El daño de los malos procesos de acercamiento a los libro ya es más que evidente y ahora toca empezar de cero. Control, alt, suprimir.   Las habilidades de lectura y escritura han generado desde todas las escuelas del mundo una enorme frustración y un alejamiento definitivo de los intereses por retomarlo ante la facilidad de acceso, libertad y disfrute de la interconexión.  Años y años de mandar miles y miles de niños a la biblioteca como castigo ha sido el pago a una profecía más que manifiesta. 

Como nunca, necesitamos, muy al contrario de lo que se piensa, de mejores y mas comprometidos docentes y bibliotecarios. Necesitamos replantear las formas de acercarse a los libros y promover hechos cada vez más olvidados como la fantasía y la imaginación, los esfuerzos en los planes nacionales y mundiales de animación a la lectura han tenido resultados visibles, pero no pueden compararse con la forma en que las personas están obteniendo hoy la información. Incluso en la prensa, ahora resulta que confirmar una fuente y verificar que lo ahí dicho sea cierto ha dejado de ser una responsabilidad de los medios para ser parte de las funciones y deberes de los lectores. Sin embargo es bueno pensar que cualquiera puede montar un medio de comunicación, será necesaria más exigencia y rigor para el lector finalmente. 

Hay que continuar promoviendo la lectura en otros espacios, no puede olvidarse la promoción de la lectura tradicional, como muchas otras expresiones del arte, pero hay también que incentivar las buenas prácticas de lectura en elementos virtuales o de interconexión. Esto no significa que la lectura no sea importante, que haya perdido su valía o que este perdido todo esfuerzo en este sentido, significa una resignificación, una reevaluación de propósitos y un acomodamiento sano a las nuevas necesidades en consumo de la información. Escuché alguna vez que la guerra del futuro sería la información, su acceso y sus formas, bienvenidos. 




[1] Cámara Colombiana del Libro, Estadísticas del Libro en Colombia, 2009.
16 Palabras de Italo Calvino en la Feria del Libro de Buenos Aires en 1984.

domingo, 7 de mayo de 2017

Presentada El Abuelo Rojo en la #Filbo2017


Desde el corazón, desde la vida, desde una versión de la historia un relato del futuro-pasado que fue presentado en la Feria del Libro de Bogotá #Filbo2017 gracias a Margarita Garrido, Editorial SM y la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República.

sábado, 8 de abril de 2017

DEL 9 DE ABRIL DE 1948

La muerte de Jorge Eliecer Gaitán y lo que significó para el país siempre fue un tema que me interesó profundamente desde muy pequeño. Lo primero que recuerdo eran los relatos de mi madre, era practicante de enfermería en Barranquilla cuando la cogió la muerte del caudillo y las revueltas impidieron que se desplazara hasta Sabanalarga, su pueblo natal. Recuerdo también el interés que estos episodios despertaron en mí cuando mi padre me contaba pormenores y detalles de todos los sucesos que fueron siempre piezas periodísticas que se conocían, pero que muy poca gente se atrevía a afirmar.




Una visita en particular el Museo del caudillo en el barrio Santa Teresita, me avivó el interés.  Era inevitable sentir admiración por el fervor que aun transmitían las personas que lo conocieron y que como aquel vigilante que me dio el recorrido, narraba cosas que me parecían increíbles: complots, dolor, tristeza alrededor de ese asesinato. Dijo en ese momento, muchas cosas que no había escuchado, que me parecían increíbles, pero que después encontré en muchos otros documentos y testimonios. Cosas como que el mismo presidente de la época había dispuesto un vehículo para la fuga de Roa y que por esta razón luego de disparar corrió hacia la Jiménez, que era abiertamente más peligrosa para una huida, que en el sentido contrario donde podía escabullirse. Recuerdo también que hablaba con tal convicción de las voluntades de los líderes de su propio partido y del partido opositor por asesinarlo, por callarle de una vez por todas, de aplacar la amenaza que representaba, como ocurrió tantas otras veces después en la triste y amnésica historia de nuestro país. Tantas conjeturas y tanto afán de verdad sostenido en el tiempo y tanta impunidad.

Creo que en el momento de esa visita no completaba los 17 años, trabajaba por algunas condiciones complicadas en la casa en los oficios que salieran y cuando quedaba nuevamente desempleado, pasaba el tiempo leyendo y visitando la Luis Ángel Arango.  Mi mamá me dejaba ver, si no estoy mal, los domingos, una serie producida por Promec y dirigida por Jorge Alí Triana en Revivamos Nuestra Historia, que contaba quizás por primera vez, una versión televisiva de la muerte da Gaitán. El protagónico era de Edgardo Román como Gaitán y Jairo Camargo como Roa Sierra.



Luego vino otra verdad a puños: desde Gaitán y el relato de oprobio y abandono de los más humildes y de los que más trabajan no había cambiado, era el mismo país. Parecía una fotocopia sufriendo de las mismas cosas, tal y como hoy aún existen esas diferencias, salvo que la izquierda llegó al poder democráticamente pero perdió la maravillosa oportunidad de demostrar que podía distanciarse de eso que tanto combatió Gaitán. La vida me llevó luego al suspenso de ese interés, pasé a ser parte de esos colombianos que hablan de Gaitán cuando quieren arreglar el país, pero nada más. Perdí incluso un cuaderno donde apuntaba datos que me parecían valiosos, recreaciones de textos sobre litigios de la época, por ejemplo, antecedentes extraídos del Archivo General de la Nación, donde conseguí valiéndome de mi interés y encanto, un carnet como investigador sin tener la edad ni la formación, pero donde aproveché al máximo, ver con detalle, los límites de la ciudad de los años 40 y 50, las actividades de los domingos, las peleas en los juzgados y otros eventos y documentos que me parecían fabulosos, que le daban a Bogotá un resplandor distinto al que conocía, esa es una de las razones por las que tanto me gusta el centro de la capital, respira historia, época, momentos.


El silencio para escribir y hablar sobre Gaitán fue alimentado por otras lecturas, La Pájara Pinta de Alba Lucia Ángel que sólo cuando la retomé 20 años después me pareció menos aburrida; los textos de Miguel Torres que son más que un faro en medio de tanta cosa y mentira que se dice sobre el tema, la Franja Amarilla de William Ospina, Arturo Alape y su memoria del olvido, las fotos, documentales, notas de prensa, siempre ahí, queriendo decirme algo que muchos conocían. Incluso otras lecturas me llevaban allí, Álvaro Cepeda Samudio, uno de mis escritores favoritos, se estrenó como columnista el mismo año que mataron a Gaitán.  Tuve confusiones, sufrí por las especulaciones, pero había un interés por conocer y entender cómo con tantos avances en la ciencia y con tanta necesidad que tiene el país por conocer realmente la génesis de sus conflictos y sobre todo de no repetir su historia, el crimen sigue impune. Los que piensen que no serviría de nada saberlo ahora, les diría algo como ¿qué pensarían si se comprueba, en la práctica de la absoluta verdad, que Uribe sí comandó los grupos paramilitares en el país? o que Juan Manuel Santos ordenó los asesinatos de inocentes haciéndolos pasar por guerrilleros. Sería ya el colmo de la ceguera de sus obnubilados seguidores, pero florecería la inevitable realidad, que no podría esconderse, que al salir es más fácil señalar a los culpables, tal vez con más ánimos de justicia que de venganza, el pueblo que vengaría a Gaitán ha ido muriendo como su historia, pero podría verse un derrotero, decir ellos son y mirar sin sorpresa que muchos aún están en el poder. Ese ocultamiento de la verdad, hace mientras tanto, que el país no cambie la polarización absurda y evita, que tipos como estos y todos los demás gobiernen tranquilamente. Gaitán había llegado al poder con la mayoría del voto popular eso es innegable y no ha existido un referente así.



   
Luego llegó la historia de Marianita que la asumí porque tenía ahí entre la garganta y el pecho, después de tantos años, lo de Gaitán atravesado y sería una niña la conductora. Primero fue un cuento titulado como ella y el cual narraba la historia de una pobre chiquilla que cada vez que se le caía un diente, pensaba que ocurría una tragedia. El día que se cayó su último diente, era el 9 de abril de 1948 y se culpó así misma de la muerte de Gaitán. Esa historia original fue transformándose poco a poco; quería que se desarrollara fuera de Bogotá, que se mezclaran entonces recuerdos de la infancia de mi madre, los vestigios de inmigrantes que llegaron al país a finales del siglo XIX por Barranquilla, el pueblo de Sabanalarga y los relatos de mis tías y bisabuelos. Quería también que fuese dirigido a esos chicos que en los colegios les cuentan la historia conveniente del país pero que ya no tragan tan entero y que son capaces, gracias al acceso a la información que tienen, de cuestionar lo incuestionable. Lástima que cada vez más hay docentes que desaprovechan esto y se alejan de eso que es si su misión real: conducir, mostrar, acercar un conocimiento que siempre ha estado ahí y no imponerlo o manipularlo y muchos menos hacer ver que no sea importante.

Entregado al texto final, trabajaba en un Colegio cuando decidí rearmar una historia que terminó yendo al concurso. De 6 de la mañana 6 de la tarde era imposible dedicarme a la historia, así que en poco menos de un año y aprovechando el tiempo en las vacaciones completé la historia de 3 a 5 de la mañana, casi todos los días. En ese tiempo también vi documentales, leí mucho más sobre el tema, oía grabaciones, confirmé lo del porro de Pacho Galán que cantaba mi madre y evidencié lo mucho que quería Gaitán a Barranquilla, escuché el clamor de su hija como una voz en el desierto y todo lo que la tristeza puede permitir cuando se recaba en una historia así. Aprovechaba las fechas conmemorativas para poner en ojos de los estudiantes lo álgido e importante de la voz de Gaitán y miraba con sorpresa cómo los libros de historia de los colegios cuentan como una anécdota lo que ocurrió en esos días. Terminada la historia la fecha del concurso había pasado y esperé hasta el año siguiente. Jhony Rodríguez un buen amigo y primer lector, me convenció en definitiva de enviarla con el vaticinó de buenas posibilidades y me dio algunas sugerencias para evitar lugares comunes y tildes mal puestas. La reescribí y el afán nuevamente de la fecha lleno de algunos errores la historia, que evidencié mucho después. Cuando la novela se fue al concurso, a la semana me llamaron.  Una hermosa señora, de la que lamento no tener su nombre, me dijo que tenía un paquete en sus manos y que no era la dirección que indicaba. Casi me muero. El cierre del concurso estaba por vencerse y creo que la empresa de encomiendas entendió la importancia luego de mis insistentes llamadas. No podía tener contacto con la editorial para saber si había llegado al fin así que les obligué a que me enviaran una copia firmada con sello a los mensajeros. Cuando llegó finalmente, descansé. Luego vino el mail de la empresa auditoria que me indicaba que mi libro había pasado a lectura del jurado pero que esto no representaba ni ser ganador, ni finalista y entonces me sentí compensado, era suficiente para mí, la historia había llegado más allá de donde esperaba.


Hoy es 9 de abril de 2017, el próximo año serán 70 de la muerte de Gaitán y creo que nada de la historia habrá cambiado entonces. Espero que los niños, jóvenes y adultos que lean El Abuelo Rojo, entiendan el poder que tienen las palabras y el cómo la lectura realmente puede transformar nuestras realidades de la misma manera como Gaitán quería que las mujeres entraran a la universidad o un repaso real de todo lo que se ha escrito sobre él y su vida hubiese ayudado a elegir mejor a quienes nos gobiernan. Seguiré escribiendo, eso es seguro, aún hay mucho de la historia colombiana que no se ha contado como es y por su puesto leyendo más, hay que seguir cambiando la realidad que nos toca.  

lunes, 27 de marzo de 2017

El Abuelo Rojo

"Corre abril de 1948 y el país en un polvorín que desembocará en la muerte de Gaitán. Brahim, el viejo tipógrafo, liberal hasta la médula, y Mariana, su nieta, viven la violencia de aquellos días; los acontecimientos se precipitan uno tras otro, trayendo consigo una nueva etapa para Brahim y su familia. En estas páginas se revive un momento histórico para Colombia gracias a unos personajes apasionados por sus ideas, profundamente convencidos de la necesidad de un cambio en el país".
Con ustedes El Abuelo Rojo, mi novela ganadora del Premio de Literatura Infantil y Juvenil Barco de Vapor. Espero que la disfruten tanto como yo escribiéndola. La presentaremos en la Feria del Libro de Bogotá.


domingo, 12 de febrero de 2017

ANIMALES NOCTURNOS DE TOM FORD


Una historia dentro de otra historia parece ya una misión difícil en el cine, pero las hemos visto por montones y bien hechas, así que esto, realmente, no es una sorpresa. Un drama de amor a través de una relación bastante apasionada y deslumbrante pero mal calculada e imprevisible, que siempre terminará nefasta para uno de los enamorados, tampoco es una novedad ni en el cine ni en la vida.  Un road triller de un padre desposeído que ve cómo la crueldad de unos muchachos le arrebata a su mujer y su hija, tampoco es nada nuevo en las historias del cine. Entonces ¿qué tiene de encantador Animales Nocturnos de Tom Ford? Son varias cosas. La primera es que aunque parece una original historia para el cine, realmente es una fantástica novela, de un escritor casi desconocido pero con una hoja de vida brillante y una carrera dedicada, como profesor de creación literaria. Austin Wright era reconocido, dicen los que le conocieron, por hacer que sus estudiantes en Cincinnati encontraran el adn de las palabras y pusiera al lector, a partir de las más simples premisas, a armar rompecabezas que elevaran aun más el valor del poder de las historias. El libro referido, Tres Noches (también se consigue como Tonny y Susan), fue publicado hace más de 30 años y ha recibido todo tipo de elogios y críticas que lo consideran incluso ya un clásico. Ya se que las películas basadas en libros no necesariamente (bla, bla, bla), éste no es el caso.


Lo segundo es que tenemos la fuerza de una historia que a pesar de lo ambiciosa, en el cine también, logra una tensión dramática que conduce al espectador a la falsa esperanza de las historias resueltas, Animales Nocturnos prácticamente dejará las cosas como estaban pero le mostrará el infierno que cada quien padece (perdonen que les arruine el final). Lo otro que inquieta es que sea dirigida por un consumado diseñador de modas, Tom Ford, quien se cuido, eso si, en la estética vestimenta en cada uno de su actores, los trajes de Amy Adams realzan su belleza de una manera impresionante. Pero Ford realmente tiene sólo un film anterior, Un hombre soltero (A single man) que de entrada recibió premios en Venecia, en los Globos de Oro y en el Bafta. 

Llena de buenas actuaciones, por momentos tensionante e imposible como para ir al baño, Animales Nocturnos no entró como se esperaba en la lista de los Óscares, salvo por una nominación a actor secundario y de alguna manera esto es bueno, confirma que muchas buenas historias son alejadas de los Oscar y que algunas veces las actuaciones resaltadas pasan a segundo plano. 


Lo que realmente inquieta, dentro de la misma trama, es la relación de las historias, que parece a veces no relacionado. En la trama, Animales Nocturnos es el nombre de una novela, presentada en un borrador para ser publicada, que Edward  interpretado por Jake Gyllenhaal le envía a su ex esposa Susan (Amy Adams), una próspera y reconocida decoradora que casada ahora con un médico, también prestante, queda en shock: la relación con Edward no terminó bien y hace 20 años no sabe nada de él. 

Edwar le dedica la novela y en el momento en que ésta llega, Susan atraviesa el desmoronamiento del sueño que construyó en estos últimos años, la infidelidad de su actual esposo y la frustración de no haber logrado aquello por lo que dejó precisamente a Edward años atrás. Para agregarle algo más de complejidad, asistimos a las lecturas de Susan, quien se enfrenta a una historia desgarradora en la que un personaje (identicamente parecido a Edward) pero con otro nombre en la novela, ve como el destino en mano de unos jóvenes crueles le arrebata de un tajo desgarrador a su esposa e hijas una noche en una carretera desolada. Increíblemente Susan alberga la esperanza de que éste encuentro con la literatura de Edward será reivindicatorio, de la misma forma como el protagonista de la novela que esta leyendo cree que la venganza, en manos de un policía a punto de morir y quien prácticamente caza a los perpetradores del crimen como última hazaña de su vida, será el aliciente que necesita. Pero no será así. Las relaciones entre las historias desatarán en el espectador preguntas, consideraremos en algunos momentos que Edward refleja en la historia de los homicidios los crueles pasajes del amor fallido con Susan, de pronto por la edición, pero dudaremos ante la crueldad, aunque valga decir que es un buen recurso eso de acribillar a quien odias en una novela. 

No se preocupen si he dado demasiados detalles de la historia, Ford ha hecho un buen trabajo y parecerá al verla una cosa diferente. Merecida y recordada, no creo que sea una historia perfecta pero si una película bien contada. 




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Pd. Tranquilos, aunque sea homónima no hay banda sonora de Ricardo Arjona.




jueves, 3 de noviembre de 2016

JULIETA: DE PEDRO ALMODOVAR

Por: Isaias Romero P.
@yopoetrix


Creo que una de las cosas que más odian mis hijos y sobrinos es cuando les digo, con pose de tener mucha experiencia: "hay cosas que sólo entenderás cuando seas padre". Y es absolutamente cierto por cansón que pueda parecer. Lo difícil en esto es que mucha parte de la paternidad en el mundo, por no decir que toda ha sido construida con errores. Los padres somos humanos y cometemos errores, más frecuentemente de lo que los hijos sospechan. Algunos los reconocen con facilidad y otros tienen mucha dificultad para asumirlos. 

Julieta de Pedro Almodóvar es un homenaje a la familia, no importa como esté conformada, a la paternidad, y para ello usa un recurso tan común que lo reinventa, el pasado. Es imposible hablar de familia sin evocar el pasado, el origen y darle la fuerza tal que tiene para echar por tierra las creencias del presente. Lo sabe Almodóvar y lo reutiliza con inteligencia para que sus personajes, que se debaten entre la culpa y el perdón, tengan la ilusión de mirar hacia el futuro con tranquilidad. 


Ha confesado Almodovar, que la historia está basada en los relatos Silencio, Destino y Pronto de la Nobel canadiense Alice Munroe. Julieta, interpretada por Emma Suarez, asume con profunda tristeza que su hija ha construido un muro entre ellas. Con el dolor de la muerte de su padre, un pescador que fallece trágicamente, Antia, interpretada por Blanca Parés, parte un día, a un supuesto encuentro espiritual consigo misma, que resulta una búsqueda aplazada de un silencio interior que le sirva de bálsamo para su propia pesar. En un momento Antia se aleja del retiro y se va a construir una vida nueva sin una sola cosa que le recuerde a su madre, un silencio casi que mortal que la separe para siempre de la vida que tuvo. Abatida y despedazada Julieta, viendo la imposibilidad de huir de sus culpas, echa también por tierra sin justificación aparente, un viaje programado con su novio Lorenzo (Dario Grandinetti) a Portugal, con quien ha intentado infructuosamente dejar a un lado el abandono de su hija y asumir otra vida. Pero el destino le recuerda que el dolor sigue presente, que sólo ha tomado pequeños placebos para aplazar lo inevitable y vuelve a su antiguo apartamento, donde creció Antia en Madrid después de la muerte de su padre, para escribir la memoria de su dolor. Con una impotencia cada vez mayor logra pequeñas conexiones con la Julieta del pasado que es interpretada por Adriana Ugarte y que desembocará en un recuerdo aun más doloroso que inevitablemente consumirá a Julieta en el presente. Así como se ha marchado, un día llega una carta de Antia, 12 años después, diciéndole a su madre que ha muerto su propio hijo. 


La historia de Julieta es muy bien contada. Tanto lo es que omite Almodovar elementos que se considerarían claves en una historia familiar, como los nacimiento o los sepelios, pero no necesita mostrarlos y en la hora y media de duración la misma intensidad y fuerza de los personajes los hace irrelevantes. Hay pérdidas, dolor, alegrías, como en la vida, pero en el fondo una invariable necesidad de transmitir el claro mensaje del corazón amante sobre la adversidad y aquella eterna frase de que es en el hogar, por disfuncional que sea, el lugar donde el alma puede encontrar regocijo en medio de un mundo tan convulsionado. La misma Julieta se ha separado de su familia, la suya se despedaza y la de su hija parece igual. No es una cadena, es la vida misma. No hay una forma perfecta de definir una historia humana muy parecida a la cotidianidad que no requerirá de mayores explicaciones en sus giros y actuaciones de los protagonistas. Visceral y delicada es una película absorbente que vale cada minuto proyectado. 

Dato: En La piel que habito, también de Almodovar Elena Anaya, una de las protagonistas, sostiene en su mano el libro Escapada de Munro.