jueves, 3 de noviembre de 2016

JULIETA: DE PEDRO ALMODOVAR

Por: Isaias Romero P.
@yopoetrix


Creo que una de las cosas que más odian mis hijos y sobrinos es cuando les digo, con pose de tener mucha experiencia: "hay cosas que sólo entenderás cuando seas padre". Y es absolutamente cierto por cansón que pueda parecer. Lo difícil en esto es que mucha parte de la paternidad en el mundo, por no decir que toda ha sido construida con errores. Los padres somos humanos y cometemos errores, más frecuentemente de lo que los hijos sospechan. Algunos los reconocen con facilidad y otros tienen mucha dificultad para asumirlos. 

Julieta de Pedro Almodóvar es un homenaje a la familia, no importa como esté conformada, a la paternidad, y para ello usa un recurso tan común que lo reinventa, el pasado. Es imposible hablar de familia sin evocar el pasado, el origen y darle la fuerza tal que tiene para echar por tierra las creencias del presente. Lo sabe Almodóvar y lo reutiliza con inteligencia para que sus personajes, que se debaten entre la culpa y el perdón, tengan la ilusión de mirar hacia el futuro con tranquilidad. 


Ha confesado Almodovar, que la historia está basada en los relatos Silencio, Destino y Pronto de la Nobel canadiense Alice Munroe. Julieta, interpretada por Emma Suarez, asume con profunda tristeza que su hija ha construido un muro entre ellas. Con el dolor de la muerte de su padre, un pescador que fallece trágicamente, Antia, interpretada por Blanca Parés, parte un día, a un supuesto encuentro espiritual consigo misma, que resulta una búsqueda aplazada de un silencio interior que le sirva de bálsamo para su propia pesar. En un momento Antia se aleja del retiro y se va a construir una vida nueva sin una sola cosa que le recuerde a su madre, un silencio casi que mortal que la separe para siempre de la vida que tuvo. Abatida y despedazada Julieta, viendo la imposibilidad de huir de sus culpas, echa también por tierra sin justificación aparente, un viaje programado con su novio Lorenzo (Dario Grandinetti) a Portugal, con quien ha intentado infructuosamente dejar a un lado el abandono de su hija y asumir otra vida. Pero el destino le recuerda que el dolor sigue presente, que sólo ha tomado pequeños placebos para aplazar lo inevitable y vuelve a su antiguo apartamento, donde creció Antia en Madrid después de la muerte de su padre, para escribir la memoria de su dolor. Con una impotencia cada vez mayor logra pequeñas conexiones con la Julieta del pasado que es interpretada por Adriana Ugarte y que desembocará en un recuerdo aun más doloroso que inevitablemente consumirá a Julieta en el presente. Así como se ha marchado, un día llega una carta de Antia, 12 años después, diciéndole a su madre que ha muerto su propio hijo. 


La historia de Julieta es muy bien contada. Tanto lo es que omite Almodovar elementos que se considerarían claves en una historia familiar, como los nacimiento o los sepelios, pero no necesita mostrarlos y en la hora y media de duración la misma intensidad y fuerza de los personajes los hace irrelevantes. Hay pérdidas, dolor, alegrías, como en la vida, pero en el fondo una invariable necesidad de transmitir el claro mensaje del corazón amante sobre la adversidad y aquella eterna frase de que es en el hogar, por disfuncional que sea, el lugar donde el alma puede encontrar regocijo en medio de un mundo tan convulsionado. La misma Julieta se ha separado de su familia, la suya se despedaza y la de su hija parece igual. No es una cadena, es la vida misma. No hay una forma perfecta de definir una historia humana muy parecida a la cotidianidad que no requerirá de mayores explicaciones en sus giros y actuaciones de los protagonistas. Visceral y delicada es una película absorbente que vale cada minuto proyectado. 

Dato: En La piel que habito, también de Almodovar Elena Anaya, una de las protagonistas, sostiene en su mano el libro Escapada de Munro.

martes, 25 de octubre de 2016

¿DE QUÉ COLOR TIENE LA ARTERIA NELLY PEÑARANDA?

Por: Isaias Romero P.
@yopoetrix

Si vamos a hablar de una publicación especializada en arte y en los artistas en Colombia hay que ver al periódico Arteria como ese punto de referencia, ese antes y después. Eso le entrega, de alguna manera, una importancia como medio de comunicación, como periodismo cultural, pero además, una relevancia ya que su génesis, su evolución y la propuesta actual nos habla de una manera inteligente de hacer periodismo en Colombia. Pueden decir lo que quieran pero es un periodismo especializado, honesto y diferente, con el rigor y el sufrimiento de los buenos medios de comunicación en el país. Nelly Peñaranda, maneja ese barco desde hace 11 años. Lo primero que hizo cuando hablamos en la pasada Feria del Libro de Cúcuta fue corregirme en que no era una revista y que esa alusión es más común de lo que se cree, por su formato, por su propuesta estética, por aquello de “no por ser gratuito debe ser feo”, es fácil relacionarlo con una revista, pero no lo es. Es un periódico de circulación bimestral y además tiene un tiraje de más de 25.000 ejemplares, llega a 34 ciudades del país, a los más variados rincones, con 55 ediciones a la fecha, con edición digital y ha evolucionado en una Fundación y en la realización de importantes eventos  propios que lo han consolidado con mucha autoridad en los medios culturales de Colombia y el extranjero.

Nace un periódico de arte
Empezó como muchos otros medios, con las ganas de hacer algo por el acceso a la información y en éste caso, por permitir que cualquier persona conociera sobre el arte y los eventos alrededor de éste que circulaban en el país y no como esa actividad elucubrada para eruditos, a la que sólo unos pocos tenían acceso.

En Septiembre del año 2004 me puse a pensar en el proyecto, yo seguía trabajando para Cambio, pero mi columna ya no era semanal, era quincenal, ya no era dos páginas, era cada vez más reducido el espacio, entonces hasta marzo del 2005 duré cocinando la idea, no sin antes poner a prueba el proyecto. Invite a unos amigos a un café para conocer la idea y les conté lo que quería hacer: un periódico de arte, que fuera gratuito, de distribución nacional, que sea un periódico con la calidad de una revista, que no sea una fotocopia horrible y que tenga un lenguaje lo suficientemente comprensible para acercar el arte a la gente de manera que la mayor cantidad de personas tengan acceso a lo que se está viendo en los espacios del país.”  Confiesa que sus amigos no la trataron de loca como esperaba y que por el contrario se ofrecieron a ayudarle y así nació Arteria. En los primeros números contó con la participación de Jaime Cerón, José Roca, María Belén Sáenz, Carlos Hurtado y Sergio Ramírez, quienes hoy por hoy son reconocidos por su trabajo como curadores, directores de museo y periodistas de las mejores calificaciones en el país.



La primera edición de Arteria fue traumática, como era de esperarse, ya que en el ideario común y en la lógica de sostenibilidad, abrir un medio de comunicación en Colombia, con las características que deseaba Nelly tenía más de sueño caprichoso que de un medio sostenible. Sin conseguir un buen diseñador gráfico, sin mucho dinero por no decir que ningún rubro y con las enormes ganas de cumplir ese ideal, se fue a buscar patrocinio. Por su puesto encontró amigos que le pautaban en el primero y no en los demás npumeros o aquellos que conociendo su tenacidad iban a apoyarla por poco tiempo.  Entre esos apoyos, uno de sus filántropos, le prestó el dinero no sin antes advertirle que la propuesta estaba condenada al fracaso. La buena noticia es que pudo pagarlo con el tiempo y Arteria sigue recorriendo el panorama artístico del país.

El que exista en el país un solo medio de comunicación dedicado al Arte es bueno y es malo, ya que a lo largo de estos 11 años de Arteria, aunque han existido algunos intentos en diversas ciudades del país, esa “locura” inicial termina convertida en una lección de gestión, que obviamente tiene sus embates y sus dificultades. Suena pretensioso, pero Arteria se ha ido convirtiendo en un referente, una publicación periódica que ha ido cumpliendo esa misión de acercar el arte a la cultura, con una humildad necesaria y bien recibida y por su puesto como un medio abierto al reconocimiento de los artistas y de sus obras en todo el país. Atento a la gestión del arte en las regiones, realizando entrevistas, crónicas, y todo lo que se puede esperar en el periodismo cultural.   “Yo nunca pensé que Arteria fuera a crecer como creció, y nunca pensé que Arteria fuera a transformarse como se transformó. Cuando nació Arteria todos veníamos del campo artístico y un periodista que era el editor; todos veníamos con esas palabras raras y esas metáforas extrañas que da la curaduría y la crítica de arte y pues justamente ahí fue cuando empezamos a explorar esa parte del periodismo” - confiesa Nelly Peñaranda -  “y ahora y más o menos hace 5 años, considero que no es Arteria un espacio para hablar del arte desde el arte sino un espacio para hablar del arte desde el periodismo”; justamente puede ser ésta afirmación una de las mejores caracterizaciones que tiene el periódico toda vez que conserva el rigor del periodismo en cuanto al manejo de las fuentes, no se publica todo lo que se dice, la verificación de la información que les llega por volúmenes desde todos los rincones del país a través de una enriquecida nómina de corresponsales que se pelean, por decirlo de alguna manera, publicar en sus páginas, ejercicio muy contrario, con toda seguridad, donde era más difícil encontrar quien quisiera escribir al principio.

El arte en Colombia
Han sido realmente ya muchos años de arte en Colombia los que han pasado por las páginas de Arteria, lo que le da fácilmente una oportunidad para realizar, con agrado o sin él, un panorama, un balance del arte y los artistas en Colombia. Si bien el mayor flujo de información y perfiles puede salir de las capitales, los Salones Regionales y las galerías que surgen en otras regiones del país también han tenido allí una presencia. Al igual que cualquier otra disciplina artística, por más inspiración que exista, el arte plástico, requiere de una dedicación, una investigación y de una dedicación para que deje de ser esa mal percibida iluminación que baja del cielo para alumbra la obra de arte. El artista se debe a su trabajo y a la calidad de éste.

Dice la directora de Arteria frente a la formación del artista que: “producto un poco de lo que hoy llamamos arte contemporáneo y muchas de sus manifestaciones, a veces la idea empieza a primar más que la forma, termina siendo más forma que fondo, más imagen que contenido y ahí se han ido pisado unos terrenos muy delicados donde todavía no estamos listos. Creo que es importante la formación. No necesariamente una formación profesional, creo que hay que tener una herramientas para poder desarrollar las experticias, también creo que en el tema de familias y herencias de artistas no necesariamente un buen hijo termina siendo un buen maestro como el padre. Creo que la proliferación de escuelas y facultades de arte es muy importante, es muy importante aprender, pero creo que es más importante practicar; uno tiene que seguir estudiando, no sólo se aprende en la universidad”.

Eduardo Ramírez Villamizar

Debo pasar por la vergüenza de decir que no conozco el museo Ramírez Villamizar”, confiesa Nelly Peñaranda que tiene profundos orígenes en Norte de Santander. Aunque estuvo en Pamplona en varias oportunidades, aun siendo una niña de la mano con su padre que nació en la extinta Gramalote, el Museo no existía para esa época, pero reconoce que la obra de Ramírez Villamizar es muy importante para el país. “Su obra fue un referente fundamental para mí. Yo estudié en los años 90 en Bogotá y era uno de los artistas que había consolidado la llegada del arte moderno a Colombia junto a otros artistas y estamos hablando de no sólo un modelo europeo sino de un lenguaje muy interesante en Colombia y tanto Ramírez Villamizar como Negret ambos escultores de dos procedencias muy distantes, empezaron a trabajar el tema de la historia, de sus ancestros y fue en un momento muy complejo del país, histórico, donde estábamos en un mandato crítico de una persona que no era Colombiana y que además estaba trayendo una doctrina de un arte moderno europeo a implantarlo en Colombia. Fue muy importante que artistas como Ramírez pudiese sobresalir en una escena que era muy limitada en los años setenta y ochenta”.

Hay una tendencia, a veces,  a pensar que el artista abstracto es fácil porque es abstracto, pero hay que recocer que para ser un artista abstracto hay que ser muy buen artista figurativo y cuando ve la maestría con que Ramírez Villamizar desarrollaba estos dibujos, es impresionante.


Los grandes artistas colombianos
Tenemos un slogan en Arteria que dice: información, opiniones y lo que necesita saber sobre el arte en Colombia”. Dice Nelly que reconocen la importancia por igual de todos los artistas, los empíricos, los reconocidos, los que exponen más y los que exponen menos, del arte moderno, del contemporáneo, de los artistas formados y de los que no, pero que no están casados con ningún tipo de tendencia. Siguen siendo fieles a poder acercar esa información a todo el público y sus lectores preguntándose por  qué son tan reconocidos algunos artistas y otros no, a pesar de que el tiempo puedo parecer eterno. “Uno termina siendo hijo de su época; para la generación mía y muchos los que trabajamos en Arteria, nos cuesta más trabajo relacionarnos con épocas a las que no pertenecimos” pero justamente para eso existen medios como el que dirige.


viernes, 23 de septiembre de 2016

LA SED DE ENRIQUE PATIÑO

@yopoetrix

Debo confesar que tan pronto terminé de leer el libro, fui a la nevera y me despache un gran vaso de agua. Creo que más allá de un mote promocional o de la intención de hacer agradable éste texto, o las razones evidentes del calor en la ciudad donde vivo, existe el inminente hecho de que Patiño logra su objetivo: trasmitir una sensación de impotencia, de la que realmente no estamos muy lejos de llegar, si el agua finalmente se extinguiera en el mundo. No falta quien diga que exagero, pero después de escuchar cómo se construyó la novela, hay que moverse un poco de la comodidad del mundo moderno.
En un escenario apocalíptico, descrito con las palabras necesarias y sin que sobre crudeza, Enrique Patiño presentó en la pasada Fiesta del Libro de Cúcuta su novela La Sed, un texto duro y realista de algo que a pesar de tener muchas señales, aun no asumimos como una realidad. La gente se roba el agua, esa ya debería ser más que una alarma.


De origen periodístico, éste samario obtuvo el Premio de excelencia que entrega la SIP y el Premio Deutsche Welle al mejor reportaje ambiental, sólo por hacer dos menciones, es además fotógrafo, pintó durante alguna época y publicó recientemente Ni un paso atrás, una biografía novelada sobre Luis Carlos Galán, un personaje que como él mismo sostiene, se sabe mucho pero poco se conoce.

Haciendo un sobre vuelo sobre los llanos orientales encontré una imagen que me impresionó mucho, haga de cuenta esta mesa y un tamaño menor el cauce del rio, dije entonces, se nos están secando…”

Sus manos largas se extienden y marcan en la mesa frente al público, la diferencia entre el tamaño del retablo y sus palmas que casi se tocan: “tengo esa imagen muy presente”. Inmediatamente se refiere a otra que el propio libro refiere:

Vio, antes de cerrar los ojos, una bandada de plásticos que cruzaban el cielo. Era un espectáculo tan frecuente que por momentos olvidaba su existencia. Solo que ésta vez las bolsas raídas demoraron en la atmósfera, girando bajo un remolino súbito, y se detuvieron de repente ante la posterior pausa del viento. Como si fueran copos de nieve poluta comenzaron a caer lentamente, revoloteando sin destino, antes de que la leve brizna los arrastrara de nuevo hacia otros parajes. Calculó que eran unas cuarenta de ellas, azules y blancas en su mayoría” (página 33).

Estos nuevos pájaros que reemplazaron a los buitres y las alondras son el efecto devastador de un mundo que sin mesura ha renunciado a cuidarse a sí mismo y en el que un anciano, conformista con su existencia, decide afrontar más decididamente con la llegada a su espacio de una moribunda y de la forma en la que por más que luchen, estarán de vuelta en el mismo dolor.

Esas bolsas azules con rayas blancas son muy populares, sirven para llevar de todo, compras una bolsa de leche y te daban una bolsa para la bolsa de leche y la gente siempre bota las bolsas. Recuerdo el espectáculo de las bolsas volando hacia el mar, luego me entero de que una buena parte de las razones por que las tortugas que llegaban a la bahía de Santa Marta ya no habían vuelto, es porque se comían las bolsas pensando que eran medusas y se atragantaban o morían”. 

Dice Enrique Patiño que de ésta manera, con imágenes como estas y que se ven nítidas a lo largo del libro, fue construyendo la historia, casi que sin proponérselo, alimentándola de viajes, de fotografías, de reportajes y es un momento cuando observa una foto en particular de Sebastian Salgar, en la que se ve a una familia abandonando su casa en África porque ya no hay agua, que le llega el relato como una claridad impresionante y se sienta a escribir.


A pesar de que no se propuso hacer una novela ecológica o con una conciencia sobre el cuidado del planeta, ha logrado rápidamente que crezca entre un público que es muy agradecido y que de verdad le mete el diente al tema ambiental: los jóvenes. Ha registrado con alegría como ha pasado de voz en voz su texto, alcanzando ya una cuarta edición y que goza de una popularidad entre estudiantes y de comentarios muy reputados entre otros escritores. La mayoría del público que fue a verlo en Cúcuta había leído su novela, había recomendado su novela y le había agradecido por tomar ese referente para que otros cuiden el agua, estaba Patiño en frente a un hijo natural que probablemente sin pensarlo si estaba levantando conciencias frente al uso y abuso del agua.

Confiesa que en la construcción de la novela a veces hizo pausas para que no sonara como “ey, hay que cerrar la llave” y se concentrara más el lector en una historia sobre la tragedia humana.

Piensen por un momento que cosas tan sencillas como lavar los platos o ir al baño no se puedan hacer”.

Los personajes principales en la historia no tienen nombre, es innecesario cuando todos padecemos una tragedia, más sin embargo Dasnal, una especie de líder, muy similar a los mandatarios nuestros que son erráticos y se equivocan sin pudor ni descaro, si tiene uno y representa el poder:

Para mi Dasnal tenía que reflejar un al país, el país que vivimos. Cuando hay caos siempre surge un líder pero éste no necesariamente es bueno o toma decisiones en favor propio. Cuando hay caos surgen mafias, siempre hay mafias, la de los limosneros, la de los que cuidan el carro, la de los que no permiten que cuiden carros en esta o en la otra esquina y hay mafia en todos los niveles, por su puesto la más grande: el narcotráfico. El personaje tiene nombre porque a los villanos siempre los recordamos. Los malos tienen un referente poderoso. Quizás muy pocos vivieron en la Segunda Guerra Mundial pero todos saben quién fue Adolfo Hitler. Muy pocos conocieron a Luis Carlos Galán en las generaciones actuales, lo mataron hace 25 años, sin embargo todos conocen el nombre de su rival, Pablo Escobar. Además tiene ese personaje un de “el DAS”, ese organismo de seguridad nacional que tuvo que ver mucho con la desaparición de mi hermana, acá ya en lo personal, para mí el malo, tenía que ver con eso”.

Dada la respuesta, era inevitable entonces abordar la historia de Luis Carlos Galán de la que tenía viva la escritura y la conciencia de los volúmenes de textos, diarios y documentos que indagó para escribir sobre éste político colombiano. Admitió que con la fuerza del personaje y la profundidad de su historia, lloró por las revelaciones, se sorprendió con un país que no se cansa de matar a sus líderes y la aceptación de un trabajo histórico, periodístico y dramático, con el que sufrió mucho escribiéndolo:


Había una necesidad de hacer que la gente reaccionaria frente a éste tema, como con la Sed, la gente a veces siente que estos temas no son importantes, pero cuando no podamos tener agua soportaremos máximo tres días, y con Luis Carlos Galán pasa que 25 años no son nada, ya se olvidó para muchos cuál fue su legado y la televisión ha venido trabajando mucho la historia de los esmeralderos, de los narcotraficantes, de las tetas sin paraíso y poco de esos personajes; quería reaccionar, contar la historia distinta. La muerte de Luis Carlos Galán nos sume en una desesperanza, nos ponemos muy tristes desde entonces, nuestra generación y la de todos aquí es una generación que ya no reacciona frente a todo lo que pasa, nos vencieron”.


Confiesa que no quiso tener ningún tipo de vicio, ni familiar o social o político, en la construcción del Galán de su libro, sino que pudiese reflejar a un tipo humano, lleno de miedos, alegrías o sinsabores. Confiesa además que hecho el trabajo de rigor periodístico, que conoce a la perfección, debía asignarle al texto un término humano y dramático que sólo encontraría estudiándolo con dedicación, cuidándose de no cometer errores evidentes históricos o caer en las trampas de un reportaje y no de una novela. “Había evidentemente una trampa periodística en la que no se podía dar papaya”, dice. 

domingo, 7 de febrero de 2016

SPOOTLIGTH: Lecciones de periodismo

Filmada en 2015, protagonizada por Mark Ruffalo, Michael Keaton, Rachel McAdams, Liev Schreiber y Jhon Slattery, acaba de alzarse con el premio de la crítica en los Estados Unidos y sigue dando de qué hablar, es Spootlight la película de Thomas McCarthy que cuenta la versión dramática de una profunda investigación que publica en el 2002 el periódico Boston Globe, destapando el peor escándalo de corrupción y pedofilia amparado por jerarcas de la Iglesia Católica en Estados Unidos.

Fue tal la denuncia que las réplicas en el mundo aun tienen eco en el vaticano, varios sacerdotes se encuentran presos hoy en día, otros descaradamente siguen protegidos. La visita del Papa en septiembre del año pasado a los Estados Unidos, incluyó en su agenda a las víctimas de Filadelfia, en varias reuniones. La noticia, en su momento, es el soporte de la cinta y por su puesto la forma en que estos periodistas de investigación asumieron el rigor de lo que llegaba a sus manos. Cabe aclarar que si hablamos de periodismo, la historia es lo de menos, el olfato de una buena "chiva" se ha ido perdiendo con el tiempo, pero es el tratamiento de todas las noticias lo que hace una verdadera diferencia entre periodismo y creer que se hace periodismo leyendo un periódico en la radio.


Spootlight recoge como ficción de la realidad el drama de sus protagonistas y hay que decir que el respeto por el desarrollo de la historia y la práctica con que aparentemente se dieron los hechos, es inigualable. Hay que decir también que, aunque cualquiera que sienta que es periodista debe saberlo, la cinta deja varias lecciones sobre lo que se debe hacer con una noticia de ese calibre o cualquier otra.  A propósito del día del periodista en Colombia, Spootlight le manda un mensaje a los que andan por ahí trabajando en medios y dándoselas de periodistas. Eso si, que no les pase lo del Abrazo de la Serpiente, hay que verla primero y luego conversamos:

1. Las fuentes: No sólo son sagradas, son indispensables. En la cinta cada uno de los periodistas tienen sus fuentes muy claras, conversa con ella, se toma un café, pero no intiman, son cercanas, confiables y discretas pero jamás se involucran en la pulcritud de la redacción. No son una sola fuente, hay contraste permanente y obviamente en la cinta no vemos que van a desayunos o reciben regalos a fin de año. No vemos que las fuentes son sólo el comandante de la policía o tres pelagatos que pasaban por ahí, las fuentes son un directorio, te confirman o te niegan, tienen el nivel y la altura para hundir a alguien, pero la discreción para confirmar lo que todos omiten.

2: La rigurosidad sobre el escándalo: Algo impresionante es ver la prudencia del manejo de la información, no por querer tener algo caliente entre manos o sentir la amenaza de no ser una noticia exclusiva o la presión de otro medio, debe correrse a publicar. Gabo decía que en el periodismo no se trata de quien publique primero sino que quien lo haga mejor. El equipo del Boston Globe tenían una historia berracamente dura, de alto impacto y consumo y justamente por eso, la rigurosidad exige el tratamiento de la misma. Todos los días hay rectificaciones, incuso en medios como los nuestros jamás se dan. Tan es así que en la cinta, se muestra cómo hay un respeto por las víctimas, los hechos desgarradores tienen una descripción detallada, descarnada, hablamos de niños abusados cientos de veces por tipos en los que ellos creían Dios intercedía, con necesidades sociales en sus familias y lo que usa la cinta como recurso, al igual que el texto periodístico, es solamente la voz del doliente, no hay flashbacks sugerentes, ni imágenes a blanco y negro con un hombre de espaldas, hay el poder de una voz múltiple, atravesada por el dolor, ultrajada, referida en una pulcra nota de prensa donde la realidad habla por si sola. 



El equipo del Boston Globe al recibir la noticia del Premio Púlitzer por su trabajo en el caso de pederastia en Boston.


3. El cuarto poder: La escena memorable donde todo el pool de Spootlight se reúne con Martin Baron, interpretado por Liev Schreiber, deja notar lo que verdaderamente es ejercer el poder del periodismo. Nadie lo puede cuestionar, por eso es que los poderosos se mueren por tener medios de comunicación, para manejar a su antojo elecciones públicas y opiniones, los medios de comunicación son el cuarto poder, pero el periodismo es su código de ética. No es denunciar una práctica pedófila de un cura, ya es grave de por si, es una reacción sistemática y repetida de un conglomerado que habla por otros, que tiene relevancia en la sociedad y es el ejemplo de la moral el que está carcomido por dentro. Es mirar la historia en el contexto indicado. No es denunciar que hay abusos con niños al interior de esta u otra iglesia, es ver todo lo que hizo la denominación completa de una ciudad por proteger ese secreto y quien sabe hasta que instancias más pudo llegar. Así es para esos temas que atraviesan nuestras esferas como espadas frías y a los que nos acostumbramos con pavor. Recuerdo que un taller de periodismo en Cúcuta le preguntaron a los asistente "¿cuantos cubren conflicto armado en sus medios?", la gran mayoría alzaron la mano. En la segunda pregunta ninguno pudo sostener la vergüenza: "¿cuantos fueron a los juzgados a escuchar el testimonio de los paramilitares?".

4. La agenda: No es secreto tampoco que mucho del periodismo que se hace dista de una agenda de contenido real. Es cierto también que el lector cada vez es más difícil de enamorar y eso hace que muchos medios, grandes, medianos, pequeños y diminutos, sientan que el periodismo de profundidad, la investigación, es sólo una perdida de tiempo, un mito romántico del que vivió el periodismo. Lo verdaderamente cierto es que sí existe un público para este tipo de trabajos, hay un sin número de premios que lo estimulan en muchas lineas y sobre todo una necesidad de que la gente vea más allá de lo que le proponen. Si no hay ese público el mismo medio puede generarlo, de eso se trata. Sin elecciones es imposible crear un criterio. El mismo Boston Globe aplazó la avanzada investigación que llevaba por los sucesos de las torres gemelas, pero incluso, siendo la agenda de los nuevos dueños la prioridad de la guerra contra el terrorismo, la persistencia y la necedad fueron triunfantes.

5. Periodismo de la calle: Los de Spootlight tecleteaban con afán en sus redacciones para ir a hacer cola en un despacho o caminar interminables cuadras buscando a los verdaderos protagonistas y narradores de las noticias. Nada de Google, nada de Twitter, que no tienen nada de malo, pero ahora son los sitios donde los periodistas prefieren gastar sus zapatos y no en las calles. No me salgan con que es una nueva forma de investigar, no es en la sala de redacción donde están las historias.


6. No hay heroísmo en la realidad: Todos los periodistas de Spootligth siguieron luego del escándalo en sus medios, tomaron el metro para llegar a casa y bebieron los mismos litros de café diario. Siguieron destapando cosas, investigando, con su oficio. Ahora la historia y el fantochismo de hollywood les hace mojar prensa, pero no los ve uno creyéndose artistas, o gente especial como ocurre con tanta frecuencia.

7. El periodismo se debe a su gente: No hay nada más abominable que una prensa que no hable de su realidad, de su entorno, que mire a las estrellas para disimular el olor a podrido. Por eso es que muchos creen hacer periodismo sin ser periodistas. El Boston Globe, a pesar de estar dentro de la nómina de un poderoso medio y con la certeza de que su historia no era la única en el mundo prefirió narrar bien lo que pasaba en su comunidad y destapar así una abominable práctica de mayor envergadura. La gente que te lee, que te mira y te escucha como periodista quiere saber lo que pasa en su comunidad, con verdad, con equilibrio, quiere tener de dónde poder elegir y opinar. Mal hace cualquier medio en acomodarse a las realidades y las víctimas, al prejuicio, a buscar cómo quedar con todos bien. A evitar hablar del descaro de una universidad porque te vende pauta o mantener el bolsillo tranquilo mientras los políticos se engullen la ciudad. La valentía es también un valor de las noticias. Lo demás es un recuento de sucesos, el que mataron la noche anterior, el robo de la esquina, la cámara del supermercado, eso carece de vida, es un mero registro, una anécdota sin trasfondo donde ni siquiera se le contrapregunta al que lo dice. Contar la historia común no es un desprecio mental, la narración de lo cotidiano merece el rigor del periodismo y el que lo lea debe apuntar por un periodismo sin acomodamientos, duélale al que le duela.

Dice Alberto Salcedo: "No hay que confundir periódico con periodismo. Los primeros suelen acabarse cuando no les funciona la parte mercantil. El periodismos es una necesidad social y como tal sobrevivirá aunque no exista ningún periódico". Feliz día periodistas.



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Más:

El Boston Globe hace un completo resumen de la historia detrás de la historia http://www.bostonglobe.com/arts/movies/spotlight-movie

Entrevista a Martín Barón via @portafolioco http://m.portafolio.co/economia/entrevista-martin-baron?tamano=grande


jueves, 14 de enero de 2016

TRUMAN: De la amistad y de la muerte

Por: Isaias Romero
@yopoetrix        

La muerte es tan común en el cine que fácilmente podemos pensar que ni siquiera es un tema. Hay millones de películas que abordan esas perspectivas de temor, de dolor, de placer que puede generar la muerte y sin embargo muy pocas podemos decir, hacen bien el trabajo de reflejar en medio de la tragedia, la tranquilidad que se supone da ese siguiente paso. En la película del director español Cesc Gay, Truman, donde intervienen de manera brillante dos grandes actores,  Ricardo Darin (El Secreto de sus ojos) y Javier Cámara (Hable con ella), hay una escena donde Julián (Darin) quien morirá pronto a causa de un cáncer y Tomás (Cámara) quien ha decidido venir a visitarlo para persuadirle de su seguro suicidio, le pregunta en la madrugada, vía telefónica, si ha pensado quien le gustaría que lo recogiera cuando se encontrará a las puertas del fallecimiento. La pregunta fruto de la lectura de un libro que Julián le ha regalado a Tomás con algo de ironía (le dice que es una guía de viaje como si se fuera para Pekin), provoca, en medio de la confusión del recién despertado, que Tomás responda ver a su madre recibiéndolo en ese momento. Julian por su parte aunque reconoce que no tuvo la mejor relación con sus padres, se sentiría seguro si su papá es quien lo recibe y le devuelve un poco de esa ausencia que se denota en el diálogo. La escena no deja de ser conmovedora, es el dolor y la fatalidd la que extrae de nosotros cosas que no pensamos jamás. La visita de Tomás, quien viene desde Canadá a ver a su amigo moribundo y el dolor oculto de Julian por saber quién finalmente adoptara a su amado perro, Truman, un viejo Bullmastif, son el centro de una narración humana, con un humor cortante y fino que seguramente será la película del año en España;  ya se alzó con varias Conchas de Plata y va camino a los Goya como segura ganadora.


Julián y Tomás tendrán un reencuentro de años de separación. Esos días estarán lleno de memorias inaudibles, dirán tantas cosas con la mirada que el espectador se sentirá en medio de un dilema de dolor y alegría. Esto es reforzado con chispeantes chascarrillos de humor, notas veloces de comentarios que harán brotar la risa del espectador y rápidamente desaparecerán ante lo que se está viviendo. Encontrará además, algunas previsibles acciones, el final se intuye desde muy temprano, una hermosa economía del lenguaje, la naturalidad en todas las actuaciones que removerán las fibras internas de cualquiera y harán repensar lo que asumimos como la muerte y todo el mercadillo y protocolo a su alrededor. 

Si bien la enseñanza común es que debe pelearse hasta morir, Julián es un poco más realista y cree que ante un cáncer inevitable que le consume, lo mejor es ahorrarse el sufrimiento propio y de quienes quiere. Siente también que los demás han asumido su muerte de muchas maneras, algunos lo evitan, otros lo celebran, otros le perdonan sus andanzas de actor y sus desenfrenos, pero sobre todo condonan todo lo ocurrido y él lo siente tan punzante como una aguja en su piel. Es una película sobre la amistad, pero es también una película sobre la libertad, sobre la realidad apabullante y sobre las cosas inevitables de la vida.


Tomás es el personaje de la película, es el que conduce la historia, el que llora poco, el que tiene una especial prudencia para todo. Tiene en Javier Cámara (¡que apellido para un buen actor!) la mejor de sus expresiones, y es una costumbre además, muchas de sus intervenciones han sido impecables bajo la batuta de directores como Almodovar o Cuerda.  Es quien ayuda a que la cosa sea más llevadera y quien no asume la decisión de su amigo Julian desde la visión del juicio o la condena. Sabe lo que va a pasar y no huye. Nos lleva con valentía, que él niega, a través de una realidad humana e ineludible.

De izquiera a derecha el director Cesc Gay y los actores Javier Cámara, Ricardo Darin y Dolores Fonzi durante el rodaje de Truman.

En una entrevista para El Tiempo (@ELTIEMPO), Cesc Gay indicó que fue Darín quien se hizo cargo de Truman, el perro en realidad se llama Troilo y murió semanas después del rodaje, y que ese amor por los perros logró una conexión con todos los miembros de la producción, facilitó un rodaje en el que el viejo canino no soportaba más de tres o cuatro horas de grabación. Ha dicho en otros medios que si la historia fuese de la amistad de dos mujeres seguramente sería otra película (@el_pais) y que vivió en carne propia un camino cercano a la muerte de un familiar así como Julian y Tomás.


La muerte es pues el tema de #Truman, lo hace de una manera tan delicada que a veces se siente que no es una tragedia lo que pasa. No hay una banalización como ocurre en tantas oportunidades, no hay efectos, no hay intermediarios, no hay lamentaciones. Hay, eso sí, una narración memorable, una visión afable del dolor y una película que trascenderá la popularidad. 

miércoles, 6 de enero de 2016

TERAPIA EN BROADWAY: Una carrera al cinismo

Por: Isaias Romero
@yopoetrix

Arnold Alberston, interpretado por Owen Wilson, es un director, casado con una actriz y sus hijos están creciendo. Alberston está a punto de iniciar una nueva obra en Broadway y como siempre continuará con su extraño pasatiempo: tratar de cambiarle la vida a las prostitutas que conoce con un acto generoso entregándoles 30 mil dólares para que dejen su oficio. Alberston pretende además no volver a verlas nunca. Hasta ahí aparentemente no hay lío, muy rara vez coincide con alguna, pero en el último encuentro la elegida resulta siendo la actriz de su próxima obra en la que interpretará justamente a una meretriz.  Hay que agregare a este lío que su esposa será la actriz protagónica y ni ella ni la acompañante se conocen. Éste rollo se desenvuelve en el corazón de Nueva York, específicamente en Manhatan, la calle Broadway, donde se presentan todos los espectáculos representativo del cine y el teatro norteamericano, ese ícono que conocemos por las pantallas gigantes.


Terapia en Broadway (su traducción es algo así como Ella es divertida a su manera) no es una película de Woody Allen aunque lo parece por todos lados y la crítica ha opinado así en muchas reseñas. Su director es Peter Bogdanovich, un interesante personaje de las entrañas mismas de Hollywood, que fue crítico de cine en su juventud, además de actor y un prometedor director que llevó a las pantallas algo llamado como La última película, una cinta exitosa que fue elogiada por la crítica en los años 70. Bogdanovich tiene 76 años y no ha grabado en los últimos 14 años. Estos elementos hacen que Terapia en Broadway no sea una película que deba pasar inadvertida. La relación con Allen es quizás alimentada porque en muy pocas oportunidades encontramos un estilo de narración en el que las historias se cruzan y la particular percepción de cada personaje coincida con madurez y no a la carrera. Los intentos fallidos esos si que abundan. Pero Bogdanovich lo logra.

Con diálogos hilarantes, con un apretar de nalgas permanente deseando que no pillen al protagonista, con las neurosis de los protagonistas (todos pensando y viendo el mundo a su manera) haciéndonos reír, poco a poco las cosas se vuelven insostenibles y en la medida en que las verdades van saliendo a la luz, el cinismo y la complicación hacen de ésta una cinta entretenida y divertida gracias a la revelación de los participantes en una locura colectiva. Todos terminan unidos de alguna manera, Jennifer Aniston con una psicótica y deliciosa interpretación, el mismo Owen Wilson con unas muecas que no sobran como en otras actuaciones, Kethryn Hahn en un papel que la saca de esas actuaciones de segunda que ha realizado en televisión y un descaro fabuloso en la interpretación de Imogen Poots harán de los minutos de la película una verdadera oxigenación.




No hay nada mejor en éste tipo de historias que esperar porque todo se conozca al final y la alegría y tranquilidad retorne a la vida de sus atormentados personajes, pero, es, sin lugar a dudas, un espacio festivo y jovial para apreciar una historia casual. No entristece ni se rebana los sesos en su apreciación, esto, bien realizado, hace que a veces el cine proco profundo también cumpla su objetivo.